30 años no son nada…

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Pedro Mora

Ah no!
Si, son 20 los años que dice la canción. Echando cuentas vosotros lleváis 30 por aquí, volviendo cada semana, suministrándonos de vuestros productos cárnicos sobre todo Víctor Nazario. Así figura en su DNI. Marijose llegó después a este puesto que regentan tan bien compenetrados, una la Charcutería y el otro la carnicería. Ambos conocen el negocio, la clientela, y ya son como de casa, como una familia más del municipio. Así se reconoce según llegan l@s clientes.
Carnicería Hnos Mora, decía el cartel situado, encima de la puerta del negocio familiar casi en la esquina de la Plaza de España de Villarejo. “Allí -comenta Víctor- aprendimos el oficio mi hermano Candi y yo junto a mi padre y mi tío…” Ahora descubro que lo de Mora, que me era familiar cuando visitaba Villarejo, no es apellido directo, si no que viene de la abuela y quedó como apodo. Cosas de los pueblos.
El oficio de carnicero imprime carácter, personalidad. ¿Quien no ha escuchado eso de “tienes manos de carnicero”?
Recuerdo que le comenté a Víctor: “Bueno, lleváis tiempo aquí. Habría que celebrar ya el aniversario. Y sin mediar palabra echó la pata p´lante como los toreros valientes.
-“Dime día, hora y lugar.
Esa predisposición va en consonancia con su forma espontánea de ser.
Lo que haga falta y cuando quieras”.
Yo solo pretendía que me diera datos para reflejarlo aquí.
Le acompaña Marijose que complementa una pareja con una concomitancia perfecta que les lleva más allá de titulares de un negocio. Les recuerdo su labor en los duros momentos de la maldita pandemia y le quitan importancia a esa labor profesional humanitaria. Ella recibía los pedidos y no solo los preparaban, además se ofrecían para llevarlos a los domicilios, un motivo a tener en cuenta sobre su solidaridad. Aun hoy les puedes ver con las bolsas de encargo que llevan a las personas con dificultades. Marijose va más allá y se ofrece a llevar también otros recados de productos que no son de su negocio.
Víctor es descendiente de uno de los Mora carniceros de toda la vida y de madre de Estremera, de la familia de los Nazario, muleteros y distribuidores del negocio del esparto, peludos, sogas, pleita… Marijose es nativa de Camporreal, algo que lleva a gala. Comentando la historia, cultura y tradiciones de su pueblo, se detiene en su afición taurina que manifiesta con orgullo. Dice que que la afición se la inculcaron sus padres aficionados a la Fiesta Taurina y conocedores de todas las tradiciones taurinas.
El flechazo surgió en la Castill, la discoteca de moda en la comarca hace algunos años. Se casaron hace veintidós años y tienen dos hijos Víctor y Rodri, este, aficionado taurino. “De casta le viene…” y a con sus 14 años es asiduo a la Plaza de las Ventas acompañado de su familia, con los amigos o solo.
Entramos en conversación sobre el negocio que regentan en Fuentidueña. “Ya lo ves, reconoce Víctor, este no es un negocio para hacerse rico. Aquí tienes que echar mano a la profesionalidad, esta que es parte de tu vida cotidiana y yo la ejerzo con gusto y satisfacción aconsejando a l@s clientes los mejores productos según su demanda y posibilidades. Este negocio no es rentable si no le complementas. En la finca El Carrascal llevo a cabo la producción y cría de carne al por mayor. Compro los animales, los engordo y los llevo al matadero de Leganés, allí están los “Entradoresofreciendo un precio. Tú le revocas y entramos en oferta y demanda hasta alcanzar el precio que entiendes más justo.
Le comento que esa operación me recuerda a los asentadores de Legazpi con los melones de Fuentidueña.
Este es mi orgullo -dice Víctor-. En la carne que yo sirvo prevalece el producto de máxima calidad cárnica y de mi confianza, la que yo crio en mi finca El Carrascal que es donde cuido el ganado de noche y de día. Este es el verdadero producto, sin falsa publicidad, carne del productor a la mesa del consumidor”.
Estás un rato junto al entorno del puesto de venta y descubres la profesionalidad. No deja de hablar mientras corta de la pieza chuletas, filetes, prepara un conejo o una gallina para el cocido. Estoy convencido que cuando ambos ven aparecer por el pasillo central a los client@s de turno, saben ambos lo que le van a pedir y por el contrario, ellos lo que les van a ofrecer en función del pedido.
Sois una pareja bien compenetrada. “Eso coméntaselo a Marijose que ella lleva la administración”, dice Víctor”
Dice la canción: Volver… Sentir… Vivir… Ellos viven, sienten y vuelven cada semana para servirnos sus productos. GRACIAS.

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