Adrián, desde La Atalaya, agradecido siempre a la vida

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Hacía semanas que le había propuesto a Adrián sentarnos a charlar un rato para reflejar después el contenido en la revista local. “Cuando quieras”, me respondió amablemente.
Tras enterarme de que su Restaurante-Hotel Atalaya había conseguido el premio a la Mejor Tapa Fuentidueña 2022 pensé que era el momento oportuno.
Enhorabuena Adrián por el premio, comencé diciendo. Él añadió: “Y a todo mi equipo, especialmente a Flory, mi mujer, la creadora y la que más pasión ha puesto en esta historia”.
Cuando Adrián Gabriel Maier, que así se llama, habla de Flory se le dibuja una sonrisa en el rostro; sus ojos brillan de una manera especial. Dice: “sin ella no podría hacer ni podría haber hecho nada; es el pilar de mi vida, una mujer impresionante que me anima y me acompaña siempre”.
Adrián y Flory son una pareja de rumanos que llegaron a España en 2004 para visitar a los padres de él, residentes en Villamanrique desde 1999. Lo que iba a ser un viaje de cinco días dura ya casi veinte años.
“No teníamos ni idea de lo que la vida nos tenía preparado”, dice Adrián. “Yo tenía 24 años y había terminado mi carrera de Teología en la Universidad de Oradea -Rumanía-. El obispo ortodoxo me propuso ser cura, de la Iglesia Ortodoxa claro está. No quise. Para ser cura ortodoxo es necesario casarse y por entonces todavía no teníamos esos planes. Flory acababa de licenciarse en Química y Biología y vinimos de visita a España como novios. Nuestros planes eran volver en unos días a Zalau -Transilvania- y entonces buscaríamos trabajo.
El caso es que estando con la familia en Villamanrique uno de mis primos dijo que buscaban camarera en el Restaurante-Hotel Atalaya de Fuentidueña. Andrés Martínez, dueño del restaurante, contrató a Flory y el trabajo duró más de lo esperado hasta el punto de afianzarse en él.
Después de tramitar documentación comienzo yo también a trabajar en La Atalaya. Sus dueños, Andrés y Toñi, nos acogieron como a unos hijos”.
Adrián se emociona y después de una pausa se deshace en alagos para este matrimonio al que dice deber tanto.
“Andrés y Toñi son mis segundos padres. Andrés ya fallecido, me acogió y demostró una gran confianza; me enseñó mucho de lo que sé y le debo mucho de lo que soy.
En aquel momento la vida nos pedía un cambió de rumbo. De lunes a viernes trabajaba de camarero en La Atalaya y los fines de semana conseguí jornadas como Educador en el Centro de Menores de Brea. En 2006 y ya establecidos en España decidimos casarnos. Celebramos la boda en Rumanía. Andrés y Toni ejercieron como padrinos, algo de lo que nos sentimos orgullosos. En 2008 nace Rihanna, nuestra primera hija.
Llegaron años difíciles para el restaurante y las cosas se torcieron hasta el punto de tener que cerrarlo. Un palo duro. Mi trabajo en el Centro de Menores mantuvo a la familia unos cuantos años”, termina diciendo.
Pero Adrián es hombre de “culo inquieto”, y en 2016 decide, junto a su mujer retomar y hacerse cargo del Hotel-Restaurante Atalaya de Fuentidueña.
“Así fue. Después de pensarlo mucho propusimos a Andrés y Toñi reabrir el negocio y llegamos con ellos a un acuerdo económico. Pedimos financiación económica, también reducción de jornada en el Centro de Menores. Nos lanzamos a la piscina poniendo toda la carne en el asador. Empezamos primero con la cafetería y en unos meses preparamos también el hotel. Cuando remontábamos llegó el Covid que nos puso de nuevo a prueba. Costó pero aquí estamos”, me dice emocionado.
En la actualidad el tándem Adrián-Flory dirigen el Hotel-Restaurante Atalaya pero, amigos de no guardar todos los huevos en el mismo cesto, instalaron en 2018 en su aparcamiento el primer punto de recarga eléctrica de coches de la A3 y en 2019 crearon en sus instalaciones el punto de reparto de paquetería GLS. La empresa tiene a su cargo una treintena de empleados. A sus 42 años Adrián agradece las oportunidades que le ha brindado la vida aquí y la acogida de los españoles con los que se ha codeado; el apoyo de su familia y en especial del de su mujer.
Hablando con él me doy cuenta de que su vida y la de Flori, tanto monta-monta tanto, no ha sido fácil. Las circunstancias sociales y familiares les han puesto a prueba en numerosas ocasiones haciéndoles tomar decisiones importantes por las que han apostado con todas sus fuerzas. Esfuerzo y trabajo, me dice en varias ocasiones. Es un hombre de principios, atrevido, emprendedor que no escatima esfuerzos ni tampoco en dar ayuda cuando alguien la necesita. Dice tener mucho que agradecer y por eso actúa así. Aquí recuerda con rabia sus primeros meses trabajando en el restaurante; se llevaba la carta a casa para aprendérsela de memoria y poder así atender mejor a los clientes. “No sabía nada de español, me dice. “Me sonaba a chino todo y más eso de tortilla francesa o ensaladilla rusa”.
“La vida nos ha puesto a prueba en muchas ocasiones. Hemos tenido que elegir pero el trabajo ha hecho que siempre saliéramos a flote. La suerte también es importante. A España le debo mucho y mucho también a Fuentidueña, pero nada sale sin dedicarle horas. A este país que nos acogió hace ya 18 años le debemos mucho de lo que somos. Mis hijas Rihanna y Aniela dicen con orgullo ser españolas. ¿Hay mejor señal que eso?”, termina diciendo este rumano en España que admite orgulloso que allí, en la tierra que añora y donde pasó su infancia, es Adrián el Español.

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