Crisis en el PP otra mas

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Quique del Olmo

Posiblemente cuando lean esto todo habrá pasado. Seguramente cuando lean esto, otra cosa habrá pasado en la política española. Y es que vivimos un momento en el que todo pasa muy rápido. Sin embargo, creo necesario resumir sobre lo acontecido en las últimas semanas.

Veníamos de la celebración de elecciones autonómicas en Castilla y León. El PSOE perdía siete procuradores, y la izquierda se quedaba en veintinueve; la España Vaciada y los partidos regionalistas cosechaban muy buenos resultados con siete procuradores, destacando el estreno de Soria ¡Ya! con tres; el PP volvía a la primera posición con 31 de los 81 diputados que componen las Cortes; y por último, el partido ganador de las elecciones, Vox, con 13 diputados. Las elecciones eran fáciles, las encuestas daban una amplia victoria al PP, al borde de la mayoría absoluta. También eran innecesarias porque quedaba un año para la celebración de nuevos comicios, no había rumores de una posible moción de censura que hiciese perder el gobierno de Mañueco, y los Fondos Europeos estaban ejecutándose. No había ningún motivo justificador para convocar unas elecciones, y a día de hoy sigue sin existir.

En Castilla y León se había producido un desastre político que nadie quería, y si ya teníamos suficiente con los malos resultados para unos y los resultados amargos para otros; estalla la guerra en el Partido Popular. Otra más. Salta la noticia de un posible espionaje a la Presidenta de la Comunidad de Madrid por parte de la Dirección Nacional del PP. La causa de esa investigación es el posible cobro de comisiones por parte del hermano de la Presidenta a través de contratos públicos por parte de la Comunidad Autónoma. Además, ese espionaje se llevó a cabo por una empresa pública del Ayuntamiento de Madrid, por lo que se pudo haber utilizado dinero público, y Martínez-Almeida quedaría implicado en el asunto. El conflicto interno estaba garantizado.

La situación que vivían no era tampoco muy buena. Díaz Ayuso desde su victoria aplastante, ha navegado sola en búsqueda de un nuevo liderazgo popular. Más que ser el apoyo fundamental para llevar a Casado a la Moncloa, ha sido su peor enemiga. Hace unos meses, vivimos otra crisis interna en el PP, curiosamente en el PP de Madrid, por la disputa del liderazgo regional del partido entre Almeida y Ayuso. El primero afín a la dirección de Casado, y la segunda en favor de “la libertad”. Llevamos meses viendo el rifirrafe y el posterior perdón entre ellos, o mejor dicho, la farsa de unidad en el seno del partido.

Las dimisiones de Casado y Egea no suponen el final de la trama de las ansias de poder. Isabel Díaz Ayuso se encuentra investigada por la Fiscalía Anticorrupción, como consecuencia del descubrimiento de una serie de irregularidades en varios contratos de la Comunidad de Madrid. Mientras en España morían cientos de madrileños, las personas mayores morían solas en las residencias sin recibir atención hospitalaria; en Madrid, Ayuso y su entorno jugaban al juego favorito del PP: la corrupción. Con el tiempo sabremos si realmente ocurrieron esas irregularidades; mientras tanto, podemos sentir la vergüenza del partido que durante quince años ha gobernado nuestro país.

Todo lo ocurrido, es la conclusión de lo que puede pasar en la mala política. Porque debemos diferenciar que es la buena y mala política. No todo lo que se hace en política es política, y no todos hacen política. Si llevas cuatro años enfangado en la mala política, en la oposición desleal de Estado, en la creación de odio, crispación; en definitiva, en el ejercicio de la mala política, la política te devuelve a la realidad de la peor de las formas como le ha ocurrido a Pablo Casado, que dejará de ser presidente de los populares sin pisar La Moncloa.

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