Enrique del Olmo «Quique»

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Pedro A. Mora

Enrique es de esas personas que pasan sin hacer ruido; es un hombre serio, sencillo, pero con un halo personal que se deja sentir; trabajador, amante de la familia, solidario, amigo de sus amigos,…
Navacerrá, así definen con cariño los nativos a Navacerrada, un pueblo de Ciudad Real, el de sus padres, Enrique y Valentina que emigraron a la capital en busca de futuro para su estabilidad familiar y descendencia. Cuando la vida les fue sonriendo adquirieron una parcela en la vega de Fuentidueña, al lado de su hermano para pasar los fines de semana y fresquitos los veranos. A Enrique y sus hermanos Antonio y Javi, al principio se les conocía en el pueblo por “Los de la Vega” y poco a poco se integraron en el ambiente local.

Él, Enrique, nacíó en Madrid; su barrio, Vallecas, aunque está encantado con Fuentidueña, su pueblo de adopción. Hace tiempo que es un fuentidueñero más.
Desde muy niño Enrique fue “Quique” quien destacó por sus habilidades deportivas. Empezó jugando en La Rosa, un equipo infantil de la Agrupación Socialista de Entrevías. Observando sus cualidades los ojeadores le llevaron a hacer la prueba al Atlético de Madrid donde se quedó bajo la disciplina del equipo “colchonero”. Allí fue pasando por las distintas categorías hasta jugar en el Atlético Madrileño con jugadores como Luis Gracía, Vellisca… Después fue siendo cedido a distintos equipos filiales del Club del Manzanares: Colegio Amorós, Boetticher-Villaverde de Tercera División con el que jugó la Copa del Rey frente al Alcalá,…, Paso por el Vicálvaro, de aquí al Álamo, al Griñón de Prefrerente y de allí al San Fermín, hasta llegar al Conquense de Tercera División donde jugó dos temporadas. Destacando su fútbol de contención y sus escapadas de “carrilero” por el lateral derecho, en el equipo manchego jugó el ascenso a Segunda División (Un Cuadrangular con el Zamora, Ceuta y Granada74). Jugando en La Fuensanta, una inoportuna y dura lesión de menisco le aparto del fútbol profesional.
Mientras tanto otra “ojeadora” Susana, le echó “la visual”. Surgió el flechazo, teniendo desde entonces a su lado a una fiel seguidora personal y futbolística. Ella le acompañó en su carrera deportiva, dándole ánimos y apoyo hasta allí donde el recaló. En Fuentidueña se pudieron ver sus habilidades, destrezas y dotes futbolísticas en aquellos históricos maratones de fútbol-sala militando con los Futura y más tarde con el Full-Equipe, con sus amigos Andrés, Chema y otros colegas del barrio.
Su afición le llevó a realizar el curso de Entrenador de Fútbol, entrenando después a diferentes equipos como el Tarancón, Villarejo, Sta Cruz de la Zarza, C.D. Tajo,… Pero claro, esto solo da para “mantener vivo el gusanillo”. Su último proyecto ha sido entrenar a los juveniles del CD Tajo, mantenerlos y tratar de insuflar la afición para volver a tener un equipo amateur en Regional. Parece haberlo conseguido.
Mientras desarrolló su carrera futbolística, estudio FP-2 de Jardinería y esa es su profesión, con la que aporta al sostenimiento familiar. Ha sido jardinero en la finca El Feligrés del torero El Juli. Allí ha desarrollado sus capacidades laborales. Ahora se ha independizado y como autónomo realiza las labores que le demandan las distintas solicitudes particulares de dichas tareas medio ambientales. En el municipio ya lo demostró en su día sembrando y plantando, las especies que el entendía las adecuadas decorando y manteniendo en general bellos los espacios libres; entonces ya dejó su impronta, ahora de nuevo con más y mejores medios, propios y municipales, aporta su instinto profesional decorando con plantas y arbustos muchos de los espacios libres municipales, rincones, plazuelas, calles y avenidas, tienen su toque de arte medio ambiental.
“Es el de la jardinería un trabajo de esfuerzo físico, pero lo más duro –dice molesto– es cuando te encuentras una jardinera que han arrasado llevándose los geranios, o te encuentras arbustos, arboles con ramas desgajadas o sencillos decorados maltratados. No sé, que sacan con este vandalismo”. Es un auténtico artista, ahí están las tallas labradas en troncos y las podas acordes con cada especie.
Enrique es un hombre muy familiar y junto con Susana forman un núcleo familiar, determinante de lo vivido, donde influyen valores, vivencias y actitudes relacionados con el deporte, muy preocupados en la formación intelectual de sus dos hijas María y Valentina implicadas además en las actividades culturales locales, gimnasia rítmica, banda de música… y de su primogénito Quique, estudiante en la Autónoma de Administración Pública y Ciencias Políticas, miembro de la Asociación Cultural, Punto Joven, JJSS de las Vegas, Fuente de la Dueña…
Quique es un fiel seguidor del Atlético de Madrid, sin estridencias pasionales ni espurias, respetando siempre al adversario. Cómo no, en el entorno familiar, se mezclan, “culés y colchoneros” siempre deportivamente. Le gusta el buen fútbol “venga de donde venga”. También es aficionado a la Fiesta Taurina, le gusta el toreo clásico y los festejos populares.
Se emociona cuando repasa su historial juvenil en el Atlético, su convocatoria para la Selección Juvenil de la Comunidad de Madrid, jugando partidos nacionales e internacionales, los entrenamientos en el Manzanares con la primera plantilla en aquel entonces de los Futre, Solozabal, Toni, Ferreira, Abel… “Aunque mi ídolo fue Maradona” me dice. Su trayectoria por los distintos equipos de Regional, Preferente, su paso por la Tercera División, en el Boetticher y el Conquense,… Repasando su largo recorrido profesional ante el álbum de fotos y recortes de prensa que saca Susana, comenta haber vivido algún momento pintoresco pero sobre todo muy bonitos sueños en lo deportivo.

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