Y tú ¿qué ves?

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Esteban Garcia

En el pasado de esta revistilla nuestra titulaba la aportación como “Veo, veo…”.
Y hoy, en un tiempo “nuevo”-al menos para algunos-sugiero el siguiente. “Y tú, ¿qué ves?”.
Como estoy convencido de que aquello que deseas de los demás, a lo que les invitas, debes de implicarte, voy por ello a dar un paso, animando a quien pase sus ojos por aquí a la tarea.
¿Qué veo que ven los que comparten vida a mi lado, sobre todo jóvenes, que son de “mi ojito derecho”?

  • Me parece ver en ellos un ansia por disfrutar. Por pasar la semana y llegar al finde, y pasarlo lo mejor posible, exprimiendo los minutos, como si fueran primeros y últimos; dando vida a la frasecilla, apropiada por los antiguos gladiadores: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”.
  • Me parece ver en ellos un afán por encontrarlo fácilmente. Cuanto más mejor. Parecen soñar por encontrar la ocasión para un buen pelotazo o sacer una buena comisión, como otros.
  • Me parece ver en ellos una huida sistemática de las dificultades. Olvidando, o no conociendo, aquello de que “las dificultades son oportunidades”.
  • Me parece ver en ellos una angustia por encontrar una solución a su sin vivir; casi siempre con la mirada focalizada en descubrirlo fuera de sí, no reconociendo en ellos nada que pueda liberarlos, recordándome el cuentecillo clásico de “La cenicienta”; esperando la llegada del hada maravillosa que, con su varita, convierta mi costosa realidad.
    Y también me parece ver ellos, en quién más en quién menos, en unos antes y en otros después -y en algunos aún lo espero- el sabroso reconocimiento de haber disfrutado de otra realidad, de un ambiente distinto que les ha ayudado a crecer, a madurar, a confiar en sí mismos, a luchar, a padecer con sentido, superando día a día, a llorar con esperanza; algunos en su seno familiar, desde su misma cuna; otros, en su ambiente escolar, relacional, donde educadores auténticos, amigos de verdad, han sido los iniciadores, acompañantes, agentes mas o menos importantes y significativos de su buen hacer.
    Otros, en el cambio de ambiente, donde se les ha ofrecido una nueva forma de relacionarse, de convivir, de luchar, de animarse; donde han experimentado un interés auténtico por su persona, por un mejor hacer, por su personal valía, por confiar en ellos, por sentirse responsable de su futuro; logrando de ellos un decir parecido: “cuando me conociste era como una mierda pinchao en un palo..¡Ahora he cambiado!”
    De ahí he sacado, lo que deseo compartir:
  • Un ánimo para continuar, aportando mi granito de arena por hacer de este mundo uno un poquito mejor.
  • El valor perenne de nuestro Don Bosco -que la Iglesia reconoce como santo, y Pdre de los jóvenes-. Él decía a sus primeros salesianos y colaboradores: “Confiad. En el corazón de cada joven, aún en el más perdido, rebelde y difícil, siempre hay una fibra sensible al bien”.
  • El poder mirar el horizonte del futuro con ilusión, super convencido del valor de esta frase que encontré hace ya muchos años, y guía i vida: “Hay que saber florecer donde Dios nos sembró”.

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