El origen del roscón de Reyes: historia y tradición de un dulce con siglos de antigüedad

El roscón de Reyes es mucho más que un postre típico de la Navidad. Su presencia en las mesas españolas cada 6 de enero simboliza el cierre de las fiestas navideñas y mantiene viva una tradición con raíces históricas que se remontan a la Antigüedad. Detrás de su forma circular, su decoración colorida y la célebre sorpresa que esconde en su interior, se encuentra una historia ligada a celebraciones paganas, rituales romanos y la posterior adaptación cristiana.

Un origen en la antigua Roma

El antecedente más remoto del roscón de Reyes se sitúa en las Saturnales romanas, unas fiestas que se celebraban entre los meses de diciembre y enero en honor al dios Saturno. Durante estas jornadas, que coincidían con el solsticio de invierno, se suspendían las jerarquías sociales, se intercambiaban regalos y se organizaban grandes banquetes públicos.

En estas celebraciones era habitual consumir tortas redondas elaboradas con miel, higos y frutos secos, en cuyo interior se escondía un haba seca. Quien la encontraba era considerado afortunado y se le auguraba prosperidad para el año entrante. Lejos de tener un carácter negativo, el hallazgo del haba simbolizaba la buena suerte y la fertilidad.

La adaptación cristiana y la llegada de los Reyes Magos

Con la expansión del cristianismo, muchas costumbres paganas fueron reinterpretadas y adaptadas al nuevo calendario religioso. El dulce romano evolucionó hasta vincularse con la Epifanía, la festividad que conmemora la adoración del Niño Jesús por los Reyes Magos de Oriente.

En este contexto, el roscón pasó a consumirse el 6 de enero, integrándose en la tradición cristiana como un símbolo de celebración y unión familiar. Su forma circular comenzó a interpretarse como representación de la eternidad y del amor infinito, mientras que las frutas escarchadas que lo decoran evocan las joyas de las coronas de los Reyes Magos.

Francia y la introducción de la sorpresa

Aunque la tradición llegó a la Península Ibérica desde antiguo, el roscón moderno adquirió una de sus características más populares en Francia, durante el reinado de Luis XV, en el siglo XVIII. Según la tradición, un cocinero escondió una moneda de oro en un pastel para sorprender al joven rey, dando origen a la costumbre de introducir una recompensa en el interior del dulce.

Esta práctica se extendió rápidamente por Europa y llegó a España, donde la moneda fue sustituyéndose progresivamente por pequeñas figuras. Con el tiempo, se mantuvo también el haba, que pasó de ser símbolo de fortuna a representar una pequeña “penalización” para quien la encontrase, generalmente pagar el roscón del año siguiente.

El roscón en España: tradición popular

En España, el roscón de Reyes se consolidó como un dulce popular a partir del siglo XIX, coincidiendo con el auge de la pastelería artesanal y la generalización de las celebraciones familiares en torno al Día de Reyes. Inicialmente, el roscón era un bollo sencillo, aromatizado con agua de azahar y decorado con frutas confitadas.

Con el paso del tiempo, la receta evolucionó y comenzaron a popularizarse los rellenos de nata, trufa o crema, adaptándose a los gustos contemporáneos sin perder su esencia tradicional. Aun así, el ritual de partir el roscón y repartir las sorpresas sigue siendo uno de los momentos más esperados de la jornada.