Estamos todos

editorial Luismi

El verano se hizo largo esperando que Alarilla bajase por el Tajo. El caprichoso calendario nos mueve cada año nuestro Segundo domingo de septiembre para celebrar la Fiesta. La víspera se convierte en mágica noche de SÁBADO de EMBARCACIÓN, el momento icónico de esta celebración que dura casi cinco intensos días.
Pero llegó. Y para unos, esperar este 13 de septiembre fue estupendo alargando así el verano; para otros no tanto. Y sin embargo, para todos mágico. Celebrar la Fiesta es lo que tiene. Pasó el año trayéndonos a septiembre. La Ofrenda Floral ya lo anunciaba. Este año un largo acto de Pregón puso nervioso al personal y no por los premios. Mucha gente sobre el escenario. La Plaza, por las obras del Centro Cívico que se está construyendo en su lateral, estaba menguada de espacio. Hubo dudas de celebrar o no los actos en ella. Los responsables municipales decidieron mantenerlos y acertaron.
Y desde ahí sin parar.
Carreras, desfiles, toros, orquestas, charangas, meriendas,
pólvora, procesiones,… Todo es fiesta. Pero nada es tanta Fiesta como ese momento que dura…
La Virgen de Alarilla llega en andas al recinto donde la esperan cientos de curiosos que rodean al grupo inmenso de nadadores. Los primeros, El Tope, portando antorchas que indican un camino mil veces recorrido. Una barca y unas manos que cogen y acogen para subirla “a lo más alto” para coronarla de luces de colores. Un petardo sube y suena anunciando que va.
Nervios, empujes, remos,… y una marea inmensa de gente que se lanza al agua provocando un chapoteo infinito que va languideciendo poco a poco haciéndose estela tras la Barca. Cohetes, vivas, aplausos,… frío en el cuerpo y calor en el corazón; emoción y entusiasmo, orgullo y devoción.
¡Bonita! ¡Bonita, bonita, bonita!
¡Viva la Virgen de Alarilla!
Una y mil veces. El gentío responde desde las orillas repletas de todos. Siempre estamos todos, y con aquellos que ya no están. Juntos miramos con los mismos ojos y a la misma Barca.
TODOS. Se siente un pellizco en el corazón. Las luces titilan.
Silencio.
Después, la Fiesta se hace pólvora y ya, camino a casa.
Cuando cruza el umbral de la puerta de madera la noche cambia de color… y de ruido.
¡Alarilla!
Es un intenso momento que dura… Y es que estamos todos.
No, no falta nadie.