Fuentidueña de Tajo volvió a vivir este sábado uno de los momentos más esperados de sus Fiestas Patronales con la celebración de la Embarcación de Nuestra Señora de Alarilla, la histórica procesión fluvial declarada Bien de Interés Cultural del Patrimonio Inmaterial de la Comunidad de Madrid y cuyo origen se remonta a 1866.
Con un intenso calor y una Plaza de la Constitución multitudinaria, la imagen de Nuestra Señora de Alarilla salió de la iglesia de San Andrés arropada por numerosos vecinos y visitantes. Desde allí comenzó un recorrido que la llevó hasta el puente y, poco antes de llegar a él, a la altura del monumento dedicado a la Embarcación, fue colocada en andas para continuar su camino hacia la ermita.
De la iglesia a la Dehesa
La comitiva se dirigió hasta la Ermita de Nuestra Señora de Alarilla, en la Dehesa, el paraje ligado a la historia de la patrona y donde, según la tradición, fue encontrada su imagen.
Allí permaneció hasta la caída de la tarde, cuando comenzó uno de los recorridos más singulares de la jornada. Entre antorchas y con el canto del rosario, la Virgen emprendió el camino de regreso hacia el río, mientras la luz del día iba desapareciendo y numerosos asistentes se situaban ya en los alrededores del Tajo para presenciar la Embarcación.
A su llegada al embarcadero la esperaban los nadadores que cada año acompañan a la patrona por las aguas del río. Más de 500 participantes se habían registrado en esta edición, una cifra que volvió a mostrar la dimensión que ha alcanzado una tradición que trasciende las fronteras del municipio.
Antorchas, barca y más de 500 nadadores en el Tajo
El descenso lo abrió la Peña El Tope, cuyos integrantes avanzaron por el río portando sus tradicionales antorchas. Tras ellos apareció la barca con la imagen de Nuestra Señora de Alarilla, seguida por los cientos de nadadores que realizaron el recorrido por las aguas del Tajo.
La escena volvió a dejar algunas de las imágenes más reconocibles de las fiestas de Fuentidueña. Las orillas se encontraban abarrotadas y la senda de bajada hacia el Pilancón se llenó de público. Miles de personas se acercaron un año más hasta el entorno del río para contemplar una celebración que cada segundo sábado de septiembre convierte el Tajo en el centro de las fiestas.
La Embarcación tiene su origen en 1866, después de que la destrucción de un puente diese lugar a una tradición que ha perdurado durante generaciones. Precisamente, la edición de este año estuvo marcada por la conmemoración de sus 160 años de historia.
Un castillo de fuegos para recordar los 160 años
Tras el recorrido fluvial llegó otro de los grandes momentos de la noche: el castillo de fuegos artificiales. El espectáculo volvió a iluminar el entorno del río ante las miles de personas congregadas en ambas orillas.
Este año hubo además un guiño especial al aniversario. Entre los fuegos pudo leerse “Alarilla 160 años”, sustituyendo la referencia al año que tradicionalmente forma parte del espectáculo y recordando así las dieciséis décadas transcurridas desde el origen de la Embarcación.
Finalizados los fuegos artificiales, la Virgen inició el último tramo de su recorrido para regresar a la iglesia de San Andrés.
Poesía y una petalada desde la Torre del Reloj
El cortejo hizo una de sus principales paradas en la Plaza de la Constitución, donde las reinas y caballeros juveniles de las fiestas leyeron la tradicional poesía dedicada a la patrona.
La llegada a la plaza incorporó este año una novedad: una petalada desde la Torre del Reloj al paso de Nuestra Señora de Alarilla. Aunque esta imagen ya se había podido contemplar durante los actos conmemorativos del aniversario de la Coronación, fue la primera vez que se realizó dentro del recorrido de las Fiestas Patronales.
La procesión continuó después hasta la Residencia de Mayores. Allí, las religiosas esperaron la llegada de la Virgen y acompañaron el momento interpretando y cantando su himno.

Pasada la medianoche, el cortejo alcanzó finalmente la iglesia de San Andrés, poniendo fin a una jornada que volvió a reunir devoción, tradición y espectáculo alrededor de una de las celebraciones más características de Fuentidueña de Tajo. Ciento sesenta años después de su origen, la imagen de la Virgen de Alarilla volvió a recorrer el Tajo acompañada por cientos de nadadores y ante miles de personas congregadas en sus orillas.

