Tarancón vio nacer el 16 de noviembre de 1921 a una de las figuras científicas más relevantes de la España del siglo XX: Jesús Morcillo Rubio, catedrático de Química Física, de Estructura Atómico-Molecular y de Espectroscopía, académico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y uno de los introductores de la espectroscopía infrarroja en nuestro país. Falleció en Madrid el 28 de agosto de 2001.
Procedente de una familia de artesanos toneleros, realizó sus primeros estudios en Tarancón y, tras la Guerra Civil, finalizó el bachillerato en el Instituto de Cuenca. Su brillante expediente le valió una beca de la Diputación Provincial para estudiar Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, donde cursó sus estudios entre 1941 y 1946 con resultados sobresalientes. Posteriormente se licenció también en Ciencias Físicas y en 1949 obtuvo el doctorado en Ciencias con una tesis realizada en el Instituto de Química Física Rocasolano bajo la dirección del profesor Octavio Foz Gazulla.
Desde muy joven se orientó hacia la investigación en Química Física, estudiando el comportamiento de gases reales, ácidos y alcoholes y, más adelante, especializándose en espectroscopía infrarroja, técnica que aprendió durante sus estancias en la Universidad de Oxford, en el laboratorio del profesor Harold Thompson. Aquella experiencia marcaría decisivamente su trayectoria científica.
En 1950 ingresó como colaborador científico en el CSIC y un año después obtuvo por unanimidad la Cátedra de Química Física de la Universidad de Zaragoza. En 1961, tras una brillante oposición, accedió a la Cátedra de Estructura Atómico-Molecular y Espectroscopía de la Universidad Complutense de Madrid, sucediendo al profesor Miguel A. Catalán. Desde allí impulsó decisivamente la investigación en espectroscopía molecular en España y formó a varias generaciones de científicos.
Su contribución más destacada fue el desarrollo de la llamada “Teoría de los tensores polares de enlace”, con la que abrió una nueva vía en la interpretación de las intensidades de las bandas infrarrojas, proporcionando información clave sobre la distribución de carga eléctrica en los enlaces químicos. Esta línea de trabajo situó a su grupo en la vanguardia internacional, aunque parte de su reconocimiento llegó con retraso al haberse publicado inicialmente en revistas españolas.
En 1975 fue nombrado decano coordinador de la Facultad de Ciencias de la UNED, donde organizó y puso en marcha los estudios de Químicas, y en 1976 ingresó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Además de investigador de prestigio, fue un docente excepcional, autor de manuales y obras de referencia sobre espectroscopía y fundamentos de la química.
A pesar de desarrollar su carrera en Madrid y Zaragoza, mantuvo siempre un profundo vínculo con Tarancón. La ciudad le nombró Hijo Predilecto y dio su nombre a una de sus calles, en reconocimiento a una trayectoria científica que llevó el nombre de su localidad natal a los ámbitos académicos y de investigación más altos del país.

