Las Salinas de Belinchón, una joya que Cuenca quiere poner en valor

La Diputación de Cuenca destinará una inversión de 250.000 euros a la rehabilitación de un almacén del siglo XVIII situado en el complejo de las Salinas de Belinchón. La actuación pondrá en valor uno de los elementos más representativos del patrimonio de la provincia.Cuadro de texto: Las SALINAS de BELINCHÓN llegaron a producir entre 40.000 y 60.000 fanegas de sal al año, -más de dos millones de kilos-.  Los restos arqueológicos hallados nos indican su origen se remonta a los romanos. A lo largo de los siglos, reyes, arzobispos y nobles comercializaron estas salinas. En 1146 el rey Alfonso VII las donó al arzobispado de Toledo y este a la Orden de Santiago que llegó a percibir 400 florines de oro convirtiendo la sal en uno de sus principales ingresos comerciando a través de las rutas establecidas haciendo del Portazgo de Alarilla de Fuentidueña uno de los principales puntos comerciales al encontrarse en la frontera natural del Tajo. En 1564 Felipe II se apropió de ellas para sufragar los gastos militares de la guerra en Flandes. En 1873 las adquirió el Marqués de Remisa.
La sal generó una gran importancia económica durante siglos. La ruta por Belinchón impulsaba riqueza que generaban también el esparto y el espejuelo. Las salinas son citadas por el Arcipreste de Hita en el Libro del Buen Amor. Ya en el siglo XIX se construyó un balneario al que acudía la reina Isabel II atraída por las propiedades terapéuticas de la sal. En la fachada de uno de los edificios todavía se conserva el escudo real. Las Salinas de Belinchón hoy forman parte y son hito del Camino Histórico de los Caballeros de la Orden de Santiago que une las actuales provincias de Madrid y Cuenca. Alarilla de Fuentidueña de Tajo y Belinchón estuvieron unidos durante siglos por los Caballeros de la Orden de Santiago a través del comercio de la sal.



El presidente de la institución provincial, Álvaro Martínez Chana, visitó el enclave acompañado por la responsable de la empresa Salinas de Belinchón, María Ángeles Denche, señalando que “la inversión recuperará un edificio histórico apostando por la protección y difusión del patrimonio industrial. Una vez rehabilitado se firmará un convenio de colaboración con la empresa para hacer visitable el complejo salinero, favoreciendo así su aprovechamiento cultural y turístico”.

En la actualidad, la empresa Salinas de Belinchón explota y comercializa la salmuera, una solución acuosa con 315 gramos de sal por litro y un 26 por ciento de salinidad. El producto es muy apreciado en sectores industriales como el químico, el textil y el alimentario.

Lozano. Fte: Eldigitaldecuenca

LAS SALINAS DE BELINCHÓN

Las SALINAS de BELINCHÓN llegaron a producir entre 40.000 y 60.000 fanegas de sal al año, -más de dos millones de kilos-.  Los restos arqueológicos hallados nos indican su origen se remonta a los romanos. A lo largo de los siglos, reyes, arzobispos y nobles comercializaron estas salinas. En 1146 el rey Alfonso VII las donó al arzobispado de Toledo y este a la Orden de Santiago que llegó a percibir 400 florines de oro convirtiendo la sal en uno de sus principales ingresos comerciando a través de las rutas establecidas haciendo del Portazgo de Alarilla de Fuentidueña uno de los principales puntos comerciales al encontrarse en la frontera natural del Tajo. En 1564 Felipe II se apropió de ellas para sufragar los gastos militares de la guerra en Flandes. En 1873 las adquirió el Marqués de Remisa.

La sal generó una gran importancia económica durante siglos. La ruta por Belinchón impulsaba riqueza que generaban también el esparto y el espejuelo. Las salinas son citadas por el Arcipreste de Hita en el Libro del Buen Amor. Ya en el siglo XIX se construyó un balneario al que acudía la reina Isabel II atraída por las propiedades terapéuticas de la sal. En la fachada de uno de los edificios todavía se conserva el escudo real. Las Salinas de Belinchón hoy forman parte y son hito del Camino Histórico de los Caballeros de la Orden de Santiago que une las actuales provincias de Madrid y Cuenca. Alarilla de Fuentidueña de Tajo y Belinchón estuvieron unidos durante siglos por los Caballeros de la Orden de Santiago a través del comercio de la sal.