Pedrito el de Margara, nieto de la tía Costanza, su padre murió en un “incidente” cuando él tenía un mes; tenía dos hermanos, Jesús, el mayor que vivió siempre aquí y Juan Antonio, el boxeador que formó familia en Francia.
Pedro marchó a Madrid con 16 años y trabajó en la fábrica de maletas Ducal y después en la Clínica Santa Elena. Venía a menudo al pueblo. Conoció a Angelines con la que se casó y se marcharon a vivir a Alcobendas. Tuvieron dos hijos, Silvia y Roberto. Allí han vivido hasta ahora, pero de vez en cuando te le puedes encontrar en el pueblo que le vio nacer, aunque ya le van quedando pocos referentes por aquí, y pocos amigos con los que chatear. Se reúne con Migue, Mariano otros que le ponen al día de lo que acontece en el pueblo. En fiestas se acerca siempre seguro de encontrar a algún amigo o conocido y también para visita a Margarita, su sobrina.
Le gustaba y, le gusta el pueblo de Fuentidueña, pero desde siempre quería otra forma de vida. Aquí solo le esperaba el campo y poco más. Hizo la mili en el Sahara donde pasó todo el periodo militar obligatorio. Recuerda que renunció al permiso del que tenía derecho porque era un lio el viaje desde aquellas latitudes y allí no vivía mal. Estaba de panadero y al menos no pasaba “gazuza” en aquel lugar triste y desértico.
Se emociona cuando recuerda las vivencias infantiles junto a aquellos amigos con los que ahora se reúne a comer de vez en cuando en Madrid. Comentan mil y una vivencias: los partidos de fútbol barrio contra barrio, cuando iban a sacar tribollos a Santa Elena o a buscar espárragos y bellotas por el monte; o a hurtarle fruta al tío Ceferino en la Huerta de Zacarías. Recuerda a Rufino que metía la mano en los agujeros para cazar topos y coger nidos. Con Ventura whatsea, tienen un grupo donde se ponen al día. De vez en cuando se han reunido. Algunos, por desgracia, han fallecido. Alfonso Domínguez “Bartolo” fue uno de los promotores, Paco Zamora, Pedro Martínez “Pedrín”, Pepe Pérez, Carlos Domínguez, Vicente Colmenar y otros muchos. Cada año por Fiestas de Alarilla quedan para verse un día. Algunos han adquirido vivienda y vienen a quedarse unos días.
Recuerda Pedro que en la escuela se peleó con un sobrino del maestro y este le mando a casa. Su hermano Juan Antonio se enteró y desafió al profesor. Fueron expulsados los dos hermanos, aunque después fueron trasladados con D. Silvino. “Casi todos te recuerdan como un chaval muy revoltoso. Él contesta: “Revoltoso no, yo de niño era Pedrito el malo”. Efectivamente así se le conocía entre los chavales.
Me siento con él para tomar un vino, en el Rincón de Tomás. Repasamos aquellos tiempos y salen infinidad de anécdotas. Según Pepe Domínguez, Pedro sacudía a todo el mundo. Vivía en el Castillo con su abuela, la tía Constanza, y cada tres por dos venían las madres a reclamar que su nieto había pegado a alguno de sus hijos o había hecho alguna “picia”. Y añade: “era duro, pero luego en el fondo, era buen chaval y no era tan malo”.
De vez en cuanto es bonito recordar las Fiestas, las costumbres de entonces, los juegos en la Plaza, los partidos de fútbol, con aquellos que se fueron y vuelven al pueblo. Alejandro Domínguez comenta que en esos partidos había mucho pique; “salían chispas”.
Pedro jugaba bien, era muy rápido. Rufino Terrés añade que recuerda cuando íbamos a coger tribollos, nidos de urracas, de perdices y todo lo que se ponía por delante.
Pedro recuerda los juegos en la plaza, el cine del Molino. “En verano muchas veces lo veíamos desde la “tapia”. Recuerda como patinaban en el hielo del charco, de pasar por el túnel del Risco, de los baños en el rio; también cuando bajaban en patín desde el Caracol hasta los bares. Ellos fabricaban sus propios patines y cobraban a los chavales por montar.
¡Qué bonito recordar aquellas historias locales por aquellos niños, adolescentes, jóvenes y, hoy abuelos… fuentidueñeros que han vuelto, que vuelven a su pueblo con nostalgia!

