A Fuentidueña

Dicen que eres pequeño,
qué gente más necia.
Yo no te mido por tu tamaño,
sino por lo que encierras.
Eres como las esencias
que se guardan
en frascos pequeños,
pero qué perfume,
qué fragancia, qué aroma
con una sola gota dejan.
Desde lejos da gusto mirarte,
tu castillo
en tiempos airoso,
pero hoy solo queda
el Torreón de Piquillos,
que de D.ª Urraca era.
Por mandato del rey Don Alfonso,
su marido,
aquí estuvo presa
hace muchos años.
La historia así lo cuenta.
Al lado de este castillo,
la Iglesia,
y dentro de ella
su patrón, que es San Andrés,
y una Virgen muy bella,
que de Alarilla se llama,
Señora y Madre nuestra.
Dulce Nombre de María,
valedora de esta tierra.
A ver si ahora
tú me dices
que este pueblo es pequeño
cuando tiene una Reina
que desde el cielo nos bendice
y por el río Tajo la pasean
en una barca de luces
sus hijos de Fuentidueña.

Mercedes Martín