Desahogo desde el corazón

Por Mª Elena Pérez

Quería hacer este escrito, pero dudaba si hacerlo desde la rabia, el dolor o el sentimiento. Al final he decidido hacerlo desde el corazón.
Desde hace unos años, las personas que hemos nacido, crecido y vivido parte de nuestra vida en el pueblo no podemos apuntarnos en el Ayuntamiento para poder entrar en el sorteo de una plaza para poder bajar acompañando a la Virgen de Alarilla subidas en su Embarcación.
Y ¿por qué? Pues según las bases, no estoy empadronada y no tengo vivienda en propiedad. Quizá, para algunos, eso sea suficiente para decir que no tengo ningún derecho adquirido.
¿Y los 25 años que he vivido allí? ¿Dónde quedan? ¿Acaso un padrón o una propiedad puede decidir cuánto pertenece una persona a un lugar?
Yo voy al pueblo habitualmente, allí está mi familia, participo en un grupo musical del pueblo, soy miembro de una peña que suele participar en muchos momentos importantes del pueblo, etc. Quizá mi vida ahora esté en otro sitio, pero hay lugares de los que uno nunca termina de irse, y mi pueblo es uno de ellos. Por eso me cuesta entender que personas que llevan a la Virgen en el corazón desde que nacieron no puedan disfrutar de un momento tan especial, un momento que, para muchos, no es simplemente una tradición ni una actividad más. Es sentimiento, recuerdos, familia, infancia, devoción. Es todo aquello que hemos vivido y sentido alrededor de nuestra Virgen.
Y entonces no puedo evitar preguntarme:
¿Por qué una persona que vive allí puede disfrutar de ese momento por el simple hecho de vivir allí, aunque no tenga ningún vínculo ni emocional ni de otro tipo, mientras que otra que no vive actualmente en el pueblo, pero que lleva toda la vida sintiéndolo como suyo, queda fuera?
Solo pido que si alguna vez, algún afortunado o afortunada sin ningún vínculo emocional a la Virgen puede vivir ese momento, que lo viva desde el corazón y que sienta lo que verdaderamente siente un fuentidueñero de cuna o de adopción al subirse a esa Barca. Hay vínculos que no se pueden medir ni con un padrón ni con una escritura.
Hay personas que no viven en el pueblo, pero que lo sienten como suyo, que llevan a su Virgen de Alarilla dentro desde pequeñas, y hay recuerdos que no desaparecen porque la vida te haya llevado a otro lugar. Yo siempre llevaré a mi pueblo en mi corazón, y a la «Chiquitilla», como la llamamos mis amigos, también.
Por eso, si algún día tengo la oportunidad de vivir ese momento, lo disfrutaré con toda mi alma. Y si no la tengo, seguiré queriendo a mi pueblo y a mi Virgen exactamente igual, porque el sentimiento no entiende de empadronamientos, propiedades ni condiciones.
Me duele sentir que, después de tantos años, quizá ya no se me considere parte de algo que yo nunca he dejado de sentir como mío por no tener un documento firmado. Siempre llevaré a mi Virgen de Alarilla en mi corazón, en mi casa (aunque no la tenga en Fuentidueña), en mi piel y donde haga falta, y siempre llevaré a mi pueblo Fuentidueña de Tajo por bandera, allá donde vaya.
No es ningún ataque, es solo un desahogo ante lo que me parece una injusticia.
Siempre seré fuentidueñera.