OCU alerta de que el pescado fresco envasado puede ser hasta un 30% más caro

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha denunciado que el pescado fresco que se vende envasado es hasta un 30% más caro que el mismo pescado adquirido directamente en la pescadería si son variedades pequeñas, ya limpias y fileteadas, según un estudio comparativo de precios de dorada, lubina, merluza y salmón en diez cadenas de supermercados.

En concreto, la organización alerta que ésa es la diferencia entre adquirir un pescado pequeño, como la dorada o la lubina, ya limpio, fileteado y envasado, y hacerlo directamente en la pescadería del mismo súper, quitando vísceras, cabeza y raspa.

OCU lamenta la progresiva desaparición de la pescadería en los supermercado ya que elimina el asesoramiento y el servicio personalizado del pescadero, al tiempo que reduce la oferta y aumenta el impacto ambiental generado por el uso de envases.

La organización para que la comparación fuera lo más real posible, cuanto el pescado se vendía entero se aplicó el porcentaje comestible (ya eviscerado, sin cabeza y raspa) establecido por la Fundación Española de Nutrición, que representa entre el 55% y el 80% según la especie.

Aunque el sobreprecio medio del pescado envasado pequeño, ya limpio y fileteado, como es el caso de la dorada y la lubina, es del 30% de media. No obstante, en preparaciones más simples (como el pescado solo eviscerado o abierto) o cuando el pescado es más grande (como sucede con los cortes de merluza y salmón), el sobreprecio es marginal, es decir, no merece la pena hacer cola en la pescadería si la pieza que se busca ya se vende envasada.

La progresiva sustitución del servicio de pescadería del supermercado en favor de la venta de pescado fresco ya envasado es una tendencia creciente, como demuestra el nuevo modelo de tienda anunciado por Mercadona, que eliminará la pescadería en favor de un nuevo espacio denominado Obrador Central con productos frescos preparados: pan carne, charcutería y pescadería.

La OCU ha señalado que es indudable que el pescado en barquetas aporta comodidad, ya que elimina colas, acelera la compra y ofrece un producto limpio, porcionado y con un etiquetado homogéneo, pero ha advertido que estas ventajas no pueden ocultar las contrapartidas como la desaparición de la pescadería atendida reduce la capacidad del consumidor para elegir, personalizar y recibir asesoramiento especializado.

Además destacan que el mostrador no es solo un punto de venta, porque se trata de un espacio de información, confianza y control directo sobre un producto especialmente sensible desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, ya que en una barqueta el consumidor no puede comprobar la frescura real del pescado a través del brillo de los ojos o el color de las agallas.

Además, avisa que la estandarización del surtido conlleva una pérdida de diversidad. El pescado menos habitual, el que entra puntualmente en lonja o el que tiene precios más variables, tiende a desaparecer cuando prima la logística frente a la proximidad y la temporalidad. Este empobrecimiento de la oferta va en contra de una alimentación variada y de opciones más económicas de pescados de temporada.

Y por otro lado, alerta del impacto ambiental. El paso al formato en barqueta implica un aumento claro del uso de envases, en contradicción con las expectativas de sostenibilidad de una parte creciente de los consumidores y con los objetivos europeos de reducción de plásticos de un solo uso.

De esta forma, OCU ha subrayado que la «comodidad no puede convertirse en coartada para trasladar al consumidor y al medio ambiente los costes de un modelo más eficiente para la distribución».