La Chulapona: desde Fuentidueña a todos los hogares de Madrid

La Chulapona es la patata de Madrid con identidad propia. Se trata de un producto de proximidad que quiere hacerse un hueco en la cesta de la compra de los consumidores.

Ángel de Oteo, director general de Agricultura de la Comunidad de Madrid, estuvo presente en la jornada agrícola que la empresa Frusangar propició el 16 de julio.  Revista Campo organizó el encuentro en el que se recorrió el camino que sigue la patata desde el campo hasta la mesa. Agricultores, técnicos, representantes de la Comunidad de Madrid, Mercamadrid, la Asociación de Empresarial de Industrias Agroalimentarias de la Comunidad de Madrid (ASEACAM) y otros profesionales conocieron de primera mano cada eslabón del proceso productivo desde el campo hasta la mesa.

Otero destacó que iniciativas como esta permiten poner en valor el trabajo del sector primario. “Detrás de una patata hay meses de esfuerzo y una enorme dedicación por parte de los agricultores. Porque Madrid cuenta con 303.000 hectáreas de superficie agrícola útil y, de ellas, el 1% se encarga de producir el 44% del rendimiento económico vegetal de la comunidad. A la patata se dedican 330 hectáreas”, recordó.

La experiencia que le dan a la empresa Frusangar las cuatro décadas que lleva trabajando en este tubérculo, en su manipulado y comercialización ha hecho que su marca sea mucho más que una iniciativa comercial. Quince años después del nacimiento de La Chulapona, Frusangar prevé comercializar alrededor de 3,5 millones de kilos bajo esta marca en esta campaña. Una cifra que refleja el crecimiento de un proyecto que ha sabido convertir el origen, la calidad y la proximidad en sus principales señas de identidad.

La Chulapona pone nombre a la patata madrileña, garantizando su origen, su trazabilidad y una calidad ligada al trabajo de los agricultores de la comarca de Las Vegas. La compañía ha apostado por una patata nueva cultivada en suelos fértiles de Fuentidueña de Tajo y Villamanrique de Tajo cuya principal seña de identidad es la variedad Soprano. Se trata de una patata de piel fina, pocas rugosidades, aspecto homogéneo y gran versatilidad en la cocina, ya que ofrece un excelente comportamiento tanto para freír como para cocer. La frescura del producto y su cultivo de proximidad, la convierten en un referente de la producción madrileña.

Raúl González  “Boni”,  uno de los agricultores y cultivadores del producto, destacó las estupendas condiciones de estas tierras madrileñas para obtener una patata de gran calidad.  “Esta tierra nos da una patata de piel muy buena y unas producciones muy altas. En esta campaña, alrededor de 45 toneladas por hectárea. Pero para que sea así las dedicamos muchas horas y las tratamos con mucho mimo desde mediados de febrero que las sembramos. Para su buen desarrollo las proporcionamos unos 50 m3 de agua a la semana por hectárea”, explicó.

A la jornada asistieron una veintena de niños del campamento de verano de Villamanrique de Tajo que comprobaron in situ la importancia del origen de los alimentos y el valor del trabajo de los profesionales del campo para que la patata nos llegue a la mesa.  

La jornada dejó claro que Madrid también es tierra de patatas por la importante tradición productora. Desde siempre los agricultores de estas vegas han cultivado buena y abundante patata gracias a las condiciones de suelo y el clima de esta comarca de Las Vegas. En las orillas del Tajo las distintas generaciones de agricultores han mantenido vivo un cultivo que genera actividad económica, empleo y riqueza en el medio rural.

Tras la visita a la explotación agrícola, los asistentes conocieron las instalaciones de Frusangar, en Navalcarnero, donde pudieron comprobar el proceso de clasificación, lavado, selección y envasado que garantiza que la calidad obtenida en el campo se mantenga hasta su llegada a los puntos de venta. Un sistema basado en la trazabilidad y en una estrecha colaboración con los agricultores que permite ofrecer un producto homogéneo sin perder el vínculo con su origen.

Además del recorrido técnico, el principal valor del encuentro fue reunir en un mismo espacio a todos los agentes que forman parte de la cadena alimentaria. Productores, industria, distribución, administración y entidades del sector compartieron experiencias y coincidieron en la necesidad de seguir impulsando los productos de proximidad y dar mayor visibilidad al trabajo que hay detrás de cada alimento.

Nicolás Poveda, presidente de ASEACAM,  subrayó que mostrar cómo nace un alimento y todo el proceso que hay detrás “también es una forma de promocionar nuestros productos y acercarlos al consumidor”.

Gonzalo Reguera, director de Mercados y Servicios de Mercamadrid, puso el acento en la importancia de conocer el origen de los alimentos para reforzar el compromiso con los productos de cercanía y con el trabajo desarrollado por agricultores e industria.

La jornada dejó patente que el futuro de la patata madrileña pasa por seguir fortaleciendo la colaboración entre todos los eslabones de la cadena alimentaria. Y, sobre todo, por continuar construyendo una marca que demuestra que la patata cultivada en Madrid no solo existe, sino que cuenta con una historia, una calidad y una identidad propias.

Reportaje completo en: https://youtu.be/bfBXGkxfbKY?si=xy-HqT6EknvVFL0b

Luis M. González. Fte: Revista Campo