No quería saber, pero ya sé. Un mes antes de un cumpleaños que ya no celebrarás con tus hijos, te has ido; quizá lo hagas con algún ser en forma de ángel que te guíe, y tengas más suerte allá en el cielo que en la tierra.
Llevaré dos flores, no importa cuáles. Subiré la cuesta que lleva al cementerio de mi pueblo. Traspasaré la puerta enrejada y haciendo sombra con mis manos sobre mis ojos buscaré un lugar donde homenajear nuestra despedida. Rezaré en tu nombre y en el mío un padre nuestro donde enumerar los errores que cometimos juntas y un ave María para dar gracias porque nos conocimos, tanto y tan profundamente que no quisimos perdonamos. Queda suelto un “ perdón “ que no tiene cabida en la nostalgia por lo mucho que creció. No intentaré atraparlo, será esa etiqueta suelta del disfraz con que me envolví cuando no quise perderte para siempre. Sin embargo, para siempre te perdí, como me hubieras perdido tú de faltar yo antes.
No quiero que descanses en paz. Quise que hubieras vivido en ella. No lo lograste por tu cobarde pereza y eso nos separó, a ti de mí, yo de ti . Ahora te recordaré mientras viva, y cuando yo ya no esté, será cuando mueras. Porque a mí no me engañaste.
Dejaré dos flores en la tierra, de madrugada, para que el rocío las empape de lágrimas ( las mías se secaron). Cuando estén marchitas las recogeré de la misma tierra para enterrarlas con tu alma. La parte que me quede será los recuerdos no vividos, pero que recrearé por ti, amiga que fuiste, enemiga camuflada que hubieras sido. De adivinar este fin eterno anticipado que sufrirán todos los tuyos cambiaría los abrazos, confidencias y cuchicheos por todos, todos los futuros días que no te despertarás temprano, ya no. Allá donde te alojen lleva mi mensaje: “CAMBIO UN ALMA POR UNA VIDA. INTERESADOS CONTACTAR CON OTRA ALMA VIVIENTE. Y de esta manera te olvidaré para siempre.

