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La Familia de “Los Pescas”

“LOS PESCAS”, también conocidos en el pueblo como “Pescateros”, son una familia de apellido Terrés con una raigambre de varias generaciones locales y de tradición pescadora.

Por Pedro A. Mora

Felipe Terrés y su esposa Josefa Balaguer -bonito nombre-. Un día decidieron buscar mejoras de trabajo y bienestar social digno para una familia numerosa. Se asentaron aquí dando lugar a distintas generaciones donde se arraigó el apellido Terrés derivando en varias familias donde el parentesco se ha ido diversificando, aunque manteniéndose el apellido.

Pedro Terrés Balaguer y Petra Cabezas son una rama de aquel árbol genealógico. No se sabe si la tradición pescadora va ligada al apellido, aunque si se tiene conocimiento que Felipe y Ceferino, dos de sus hijos, han pasado a la local como los iniciadores del arte de la pesca trasmitida a sus descendientes. Sobre todo los hijos del matrimonio de Felipe Terrés e Isabel Pérez, continuadores de aquella gran familia nómada oriolana que inicio Felipe cuando se asentó en a principios del siglo XIX.

Los hijos e hijas de Felipe e Isabel son la cuarta generación de apellido Terrés. Cuando este murió sus hijos, de la mano de su tío Ceferino, siguieron la tradición y el oficio de las artes de la pesca en el con barco de remos y redes. La familia estaba compuesta por las hijas Petra, Ambrosia, Pepa e Isabel y los hijos Serafin, Julián, Jacinto y José. La madre Isabel y su cuñada Vicenta y la ayuda de alguna de sus hijas se dedicaban a vender la pesca de barbos, bogas, anguilas, camizo, gobios capturados pasando casa por casa. Según hubiera sido la captura también se trasladaban con la borrica para venderlo a los vecinos pueblos de , y Valdaracete. Isabel además era Partera. “Había que tapar muchas bocas, nosotros ocho y otros cinco Pedro, Felipe, Justo, Víctor y Maruja, hijos de mis tíos Ceferino y Felipa”, dice José.

La familias vivían en el barrio de la Zurriera, cerca del Risco, con vistas directas al río. Eran expertos maniobrando el barco, manejando con destreza los remos contra la corriente y lanzando las redes alrededor del remanso. Después se movían alrededor provocando a los peces para que cayeran en sus redes. Su licencia les abarcaba desde el Castro -Estremera- hasta la Presa de Buenamesón, unos diez kilómetros. Faenaban corriente abajo desde el Vao, al del Tren de los 40 días, la Florida, la Poveda, la Huerta de la Tía Amalia, el del Risco, la Tejera, la Huerta de Miguelín, el del Morrón el Soto Parral, Montrueque y el de la Rinconada. Sus caladeros eran los remansos donde se acumulaban los pescados. “También pescábamos en las pozas de los arroyos del Salao, Manrroyo…allí donde intuíamos que había pesca. Después de toda la noche pescando nos incorporábamos a las otras tareas laborales, como la siembra de melones, alfalfa y fuera de temporada a lo que salía”, dice José.

Recuerda que salían a pescar dos o tres días a la semana y se distribuían la tarea. Dos se encargaban de la borrica para traslado de aperos al inicio de la jornada y la recogida al final de la tarea; otros dos con el barco. Se turnaban cada día.

Tienen anécdotas dignas de resaltar. Recuerda que salvaron de ahogarse a una mujer llamada María “la Colorá” que se precipitó por el Risco, José y Jacinto se lanzaron al río sacándola sana y salva ante la admiración de los vecinos que lo presenciaron. Otro día un vehículo que circulaba hacia chocó contra el pretil del Puente de Hierro cayendo al Tajo.

Entonces el caudal era mayor y el coche se hundió bajo las aguas. El conductor quedó atrapado dentro, aunque su acompañante pudo salir. “Los Pescas” fueron requeridos para sacar el cadáver e intentar amarrar el vehículo. Jacinto y José llevando el barco y Julián buceando sacó al ahogado. Amarraron un cable al vehículo y, con ayuda de una “Ratona” de las que trabajaban en la construcción del Puente Nuevo, le sacaron. La familia también acompañaba con el barco cada año el descenso de la para evitar posibles desvíos y embarrancamientos. Con el se puso de moda que l@s acompañaran nadando a la Patrona y así ha quedado.

María José, hija de José, conserva la partida de nacimiento de su abuelo Felipe. De ella se ha sacado el árbol genealógico Terrés.


Conversando con José me ha contado muchas anécdotas e historias, eso sí, dice “que se pongan las que no ofendan a nadie”. Yo trascribo. Recuerda con mucha tristeza cuando con tan solo siete años recibió la triste noticia de la muerte de su padre. Y cuando fue expulsado del comedor de Auxilio Social por no querer cantar el Cara al sol. Junto a él expulsaron para siempre a su abuelo y a su hermana.

La última licencia de pesca la conserva Javier, hijo de Jacinto. Es el último de “los Pesca” y aun maneja los remos por el río guiando como remero la Embarcación.

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