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Villarejo trabaja para recuperar su tradición espartera

M. Gomez

Julián Díaz a sus ochenta años todavía recuerda acompañar a su padre al campo en , cuando solo tenía nueve, para recoger el esparto que les ayudaba a llegar a fin de mes.
El esparto ha representado una fuente tradicional de riqueza para los vecinos de esta localidad, ubicada en la de Las Vegas, destacando a lo largo de casi medio siglo XX como una de las protagonistas de la economía local. Fueron muchas las familias, como la de Julián, que trabajaron gracias a la producción de esparto, ocupándose de la recolección, preparación y transformación final de la planta.
Un oficio que Julián califica de “muy duro” por las largas horas que pasaban a la intemperie y los viajes que tenían que realizar para recoger esta materia prima, que posteriormente trabajaban en las instaladas en el municipio.
Tradicionalmente, el esparto se consumía como primera materia en la confección de capachos para la prensa de la uva y la aceituna, de pleitas o trenzas manuales para diversos usos, de cestas para recolección de frutas y serones para el transporte, espuertas de todas clases, para ramales y arreos de caballería y equipamiento de carros y, así mismo, se empleaba para una infinidad de labores del trabajo agrícola.
Aunque no se dedicaran al oficio como sus familiares, tanto Díaz como su mujer quieren “que no se olvide” el trabajo que se realizaba con el esparto en , donde la explotación de esta materia prima proviene de una antigua tradición, llegando a tener más de 20 cobijos dedicados a la producción de este material. Sin embargo, esa tradición se perdió relegándose a una serie de exhibiciones con el peligro de perder el conocimiento sobre la técnica del esparto.
Esther San Vicente es la presidenta de “Al Fresco, efímeros', asociación que quiere recuperar la tradición y explotación espartera en el municipio. Para esa misión cuentan con Julián Díaz, quien, recordando esos momentos con su padre en el campo, empezó a aprender cómo hacer “cosas más artesanales” unos meses antes del confinamiento por pandemia.
Aunque “el esparto murió con la aparición del plástico, había que recuperar la tradición y que el esparto regresase al imaginario colectivo de los habitantes de Villarejo. “Al Fresco, museos efímeros” se puso manos a la obra para “recuperar el punto de vista creativo en el que tuviesen cabida las técnicas más ancestrales, pero donde también se pudiera investigar sobre el papel que tienen las fibras naturales en el arte y el diseño contemporáneo”. Y así surgió un grupo motor -con un taller semanal- con maestros hiladores en el que participan una treintena de personas. Actualmente también acuden ingenieros y profesores de universidad a impartir sus conocimientos para mezclar “la tradición espartera con la vanguardia”.
Cada participante del taller “hace un poco lo que quiere” y elabora sus propios artículos como bolsos, alfombras o, incluso, estropajos que se fabrican con los desechos que sobran de la elaboración de cuerdas.
Pero antiguamente, el esparto “no era tan artesanal”, utilizaban este material para reforzar y forrar los carros, capachos para la recogida de uvas o “peludos” al modo de alfombras que decoraban las casas.
El proceso para recogerlo de la tierra era y es totalmente manual. Lo desempeñan gracias a una vara de hierro llamada “collazo” de unos 30-40 centímetros de longitud, que cuenta con “dos bolas” donde se enreda la planta y “se arranca”.
En el taller trabajan tanto el esparto verde o crudo como el cocido. Para cocerlo, lo dejan “en agua durante un mes y con unos mazos se golpea para separar las fibras y manejarlo mejor”. Además, también han construido un bombo de rastrillar para ser “más autónomos” y poder elaborar el “proceso de rastrillado”, que antiguamente no se realizaba en el municipio, a diferencia de los otros dos procedimientos.
Pero la asociación ‘Al Fresco, museos efímeros' va más allá, pretende que ese taller, que comenzó para transmitir la espartera de abuelos a nietos, pueda llegar a convertirse en un nuevo motor económico en Villarejo de Salvanés. En la actualidad mantiene conversaciones con una tienda de la Plaza de la Paja dedicada a artículos artesanales como la cerámica, cestería o elementos de cosmética para entregarles cuerda de esparto con la intención de elaborar cortinas. “Queremos generar cierto emprendimiento y trabajar en la entidad del lugar para convertirnos en un sitio donde la gente venga a buscarlo (el esparto). La propia ya es consciente de la necesidad de salvaguardar y el riesgo que se corre de perder todo esto”, apunta San Vicente.
Mientras que se encuentran a la espera de recibir la declaración de Bien de Interés Cultural, que les ofrecerá un mayor apoyo económico y también les otorgará más facilidades a la hora de conseguir relacionada con la industria espartera, como dos ruedas de hilar que se custodian en el museo etnográfico, ‘Al Fresco, museos efímeros' continúa con su labor divulgadora participando en ferias como la de Fitur y participando en eventos en capital como Centro de Acercamiento a lo Rural, la Pelunbrería o La Casa Encendida, donde estarán esta primavera

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